lunes, 2 de noviembre de 2009

The Snark was a Boojum, you see

¿Qué significaba el Boojum para el hombre a quien conocemos como Lewis Carroll? Es preciso desencriptar los textos de Carroll, tanto si se trata de Alicia como de sus poemas, escritos en lo que se suele denominar "nonsense verse". Sobre todo, no hay que perder de vista el hecho de que el reverendo Dodgson, alias Carroll, era tanto un pastor anglicano como un iniciado en la lógica y en las matemáticas. Todas estas vocaciones, frutos de un talento impar, en su caso se dan entrelazadas.

Un ejemplo nos puede orientar. David Hilbert, el matemático alemán cotemporáneo de Carroll, presentó en 1988 su teorema de Infinitud. Fue rechazada por su colega Paul Gordan, editor de la importante revista Mathematische Annalen, con el comentario "¡Esto es teología, no matemática!" No es que Carroll se hizo poeta porque tenía poca imaginación para las matemáticas, como algún malintencionado podría pensar, sino todo lo contrario. En cuanto a la teología, ya veremos.

Para volver al Boojum, es caracterizado por Bellman, en el cuarto verso del poema acerca de la caza del Snark, como "una criatura peculiar", que "no puede ser apresada de una manera corriente". Y, ya antes, en el tercer verso, Baker cuenta que su abuelo le había advertido que tuviera "cuidado el día en que Snark sea un Boojum". El peligro se revela en el verso final: quien se encuentra con el Boojum, desaparece, junto con su supuesta presa. ¿Una anticipación de la noción de antimateria? Del gato, en Alicia, al menos quedaba la sonrisa, una imagen que es imposible dejar de asociar con el gato de Schrödinger (1935).

Es obvio que no cabe confundir el Boojum con otros monstruos carrollianos como, por ejemplo, el Jubjub, "esa ave exasperada", o el Jabberwock, con tanta razón retratado como un dragón por el gran ilustrador John Tenniel, un experto en Carroll. Vemos que el Boojum representa, más bien, el problema de una alternativa desconocida, de una incompletitud como la propuesta por el teorema que Kurt Gödel presentó en 1931. Carroll, poeta, matemático y teologo, anticipa por intuición.

Boojum, ¿es o no es? De un modo análogo, Hilbert se preguntaba si las matemáticas eran decidibles. Eso nos lelva directamente al Entscheidungsproblem (1936) de Alan Turing y a la variante no determinista de su máquina, aquella con más de una posible combianción de actuaciones, o sea, de decisiones. Las dos formas son, como recordamos, una que siempre elige la transición que eventuralmente llevará a un estado final de aceptación y, la segunda, que se bifurca en varias copias, cada una de las cuales sigue una de las posibles transiciones.

Un estado final de aceptación, para un teólogo, equivale a un artículo de fe. El Boojum, al desvanecerse, permite pensar en la posibilidad de una definición postergada; en otras palabras, de una duda. Esto no se condice con los preceptos de la iglesia anglicana y, si es por eso, tampoco con los los de los cristianos en general. Carroll, ¿era un buen creyente? O, ¿veremos en él, gracias a una incisiva interpretación del Boojum, a un pariente de Sören Kirkegaard? Tema para que generaciones de estudiosos inclinen sus frentes sobre un problema que, aunque no lo sospechábamos, nos concierne a todos.

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