domingo, 22 de marzo de 2009

Entomológicas VI


La policía de la ciudad de Nueva York fue la primera en tener un departamento de entomología forense. Especialistas a quienes mantienen en plantilla para que escuchen las historias que cuentan los insectos.

Dentro de poco, todas las grandes ciudades necesitarán uno.

De esta y de otras cosas me enteré cuando leí la sexta novela de los misterios de Lew Griffin. La que nunca llegamos a publicar en castellano: Ghost of a Flea.

El hijo de Lew, que también sufre de una leve esquizofrenia, ha desaparecido por segunda vez en la oscuridad de Nueva Orleans. Encuentran un cadáver irreconocible con los documentos de David Griffin entre la ropa y el teniente Santos llama a Lew para que haga el reconocimiento de rigor. Las primeras hipótesis hablan de un asesino en serie. Pero la doctora Bijur, la médica forense que ya apareció en las novelas anteriores, ha llamado a un científico de Louisiana.

Un asistente con rastas acerca una camilla, levanta la mortaja. Y Lew describe así lo que ve:

"Cuando Rastas Pringues levantó la sábana, el mundo en el que cada uno de nosotros vive día a día aflojó todas sus amarras. Lo que yacía bajo la tela parecía un ciervo desollado, una disección de la Anatomía de Gray que mostraba músculos, nervios y tendones; la carne era de un raro color granate. Habían dejado la mayor parte de un ojo. Y no era el ojo de David.
--¿Qué pasó? --pregunté."

Greevy, así se llama el entomólogo forense que ha llegado desde la Universidad de Louisiana, está seguro de que, en este caso, fueron las cucarachas quienes trabajaron con más ahinco.
Para encontrar una respuesta, Lew va esa misma noche hasta el callejón donde está el edificio de departamentos en el que encontraron el cuerpo. Greevy, sentado en el bordillo, da mordiscos a un sandwich de albóndigas. Una pausa en el trabajo.

"--Usted ha de ser Griffin.
Asentí.
--No era su hijo, ¿me equivoco?
--No.
--Nunca creí que lo fuera.
Greevy terminó el sandwich y se limpió las manos en las perneras del pantalón.
Dijo:
--El cuerpo estaba en el tercer piso, pero eso ya lo sabe. No hay mucho que ver. Cualquier cosa de utilidad para usted, seguramente la levantaron junto con el cadáver.
--Ni siquiera sé qué busco.
--Nosotros nunca lo sabemos. Nos consideramos afortunados si somos capaces de vislumbrar qué dirección debe tomar la investigación. --Sonrió--. El tipo tenía la cartera de su hijo. Es razonable que quiera saber qué lo mató, dónde estuvo, cualquier cosa que logre averiguar. El abismo es hondo y en el borde solo hay un paso de dos palmos. Pero es lo que hay.
--¿Me lo dirá? ¿Me dirá qué lo mató, por donde anduvo?
--Algo así, más o menos. Como todo lo demás, es cuestión de suerte. Deme unos días.
Greevy estiró el brazo hacia atrás. Buscaba su botella de cerveza, que había dejado sobre la acera. Un saltamontes se había posado en el pico. Lentamente, Greevy fue acercando la botella hasta que el insecto y él quedaron cara a cara.
--En realidad, el mundo es de ellos."

El saltamontes se escapa y Greevy lo sigue con la mirada. Después de un rato y como ausente, le cuenta a Lew:

"En la ciudad hay varias docenas de variedades de cucarachas. Cada una de ellas es tan inconfundible como lo es el rostro de cada uno de los humanos. Muchas vienen de zonas muy específicas de la ciudad. Para no mencionar a los demás. Pulgas, ácaros, piojos. Polillas y hormigas. O a nuestras mejores y más voraces amigas, las moscas. No solo son diferentes unas de otras, sino que difieren infinitamente en el comportamiento, en la dieta, en los sitios donde ponen los huevos, en el período de gestación, en la edad a la que dejan el estado quiescente.
"En un día o dos, las muestras que tomé comenzarán a salir de las pupas. Las tomé de los ojos, de la boca, de las heridas. Entonces podré decirle algo más. Incluso cuánto tiempo lleva muerto. Qué estuvo comiendo últimamente. Qué lugares frecuentaba."

Extraño trabajo el suyo.

En el séptimo piso del palomar con vistas no hay cucarachas.

En esta novela de Griffin hay un asesino de palomas. Pero esa es otra historia.

(continuará...)

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